Aristóteles y Stranger Things

LUÍS MARÍA SANCHO PÉREZFILOSOFÍA Y PENSAMIENTO2026, NÚMERO 1

Profesor de Ética de la Universidad Internacional de Cataluña

3/11/20264 min leer

  El final de la quinta temporada era algo totalmente secundario. Puede que no fuera el mejor posible, y que deje insatisfechos a los perfeccionistas y a los eternos buscadores de plot holes. Pero el mensaje del que la serie era portadora queda dicho y reforzado, gritado, representado en toda su profundidad. Y es que en Stranger Things, como en todas las grandes historias, la trama era una -a mi juicio, apasionante- atmósfera dramática para recordar una verdad muy profunda, una certeza íntima y perdurable que ronda la historia del pensamiento y que, en una de sus frases estrella (más excelsas aseveraciones) formuló, hace unos 2500 años, Aristóteles: “sin amigos, nadie querría vivir”.[1]

  El actor David Harbour, -Jim Hopper-, proclamó, en un breve e imponente speech, que Stranger Things deseaba “servir como un poderoso recordatorio a todos de que cuando se sienten rotos, y asustados, y agotados, ¡no están solos! ¡Estamos todos juntos en este horrible, doloroso, gozoso, estimulante y misterioso viaje que es estar vivo!”[2]

  En el mundo de hoy, inundado de unas pantallas que suelen ser obstáculo en lugar de medio de comunicación, los jóvenes respiramos el ambiente de la tristeza, y sentimos el fluir interno de tantas vivencias más o menos traumáticas que no sabemos cómo gestionar y tienen manifestaciones muchas veces desconcertantes. La depresión, la ansiedad, los trastornos alimenticios y obsesivos se han convertido en monstruos habituales del menú diario de millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. El 34,6% de la población de entre 18 y 24 años manifiesta vivir en soledad, según el último estudio del Observatorio de Soledad no Deseada [3].

  Sin amigos, nadie querría vivir. En el inicio de la serie, asistimos a una escena francamente tierna. Es aquella en la que Eleven, poco después de conocer a Lucas y a Dustin, y de explicarles éstos que son “amigos”, pregunta balbuceando: “what is «friend»?” La niña no ha conocido en su vida nada más que el trato inhumano propinado por los científicos que experimentaban con ella, y los chicos, sin terminar de creerse que alguien pueda desconocer algo tan básico, responden: “un amigo es alguien por el que harías cualquier cosa, alguien a quien le cuentas cosas que los padres no saben, alguien con quien compartes tus cosas, y sobre todo alguien que nunca rompe una promesa.” Se trata de una formulación que el propio Aristóteles suscribiría sin dudar.

  La idea del amigo como alguien por el que se daría la vida (somebody you would do anything for), se repite además en cada temporada con numerosos ejemplos de amor sacrificial, culminando en el episodio final. Éste, como es sabido, deja abierta la puerta a una interpretación alternativa en el que el supuesto mártir no ha muerto. Pero algo similar sucede en muchos de los otros ejemplos de sacrificio a lo largo de la serie (Mike y Eleven en la primera temporada, o Hopper en la tercera), y el hecho de que el resultado no sea el esperado nada resta a la decisión del personaje de sacrificarse hasta la muerte por aquellos a quienes ama.

  El filósofo francés Gabriel Marcel afirmó célebremente que “amar a alguien significa decirle: tú nunca morirás”[4]. Es una sentencia genialmente complementaria a la aristotélica, y pienso que la combinación de ambas resume a la perfección las cinco temporadas de la serie. Cuando parece que todo se hunde, los espectros del miedo amenazan y todo impulsa a dejarse llevar por fuerzas destructivas, puede sonar una música que abre las puertas y nos libera de la rueda centrífuga del pesimismo, de la muerte. Una palabra que nos saca de nosotros mismos para que seamos capaces de ser nosotros mismos. Ante los monstruos, lo único que realmente nos salva es el rostro del otro.

  Fue otro filósofo, Immanuel Kant, quien dejó escrito: “Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.” Proseguía el gran icono del pensamiento alemán señalando que, mientras la admiración por el cielo proviene del anclaje en el mundo visible, la admiración por lo interior procede “de mi yo invisible (…) y me expone en un mundo que tiene verdadera infinidad”[5].

  Las grandes historias conducen a una reconexión con las dinámicas más profundas de la existencia. Stranger Things, que en una lectura superficial parece contraria a todo realismo, penetra con el candor de la infancia y la adolescencia en el núcleo nervioso de lo humano, alzando como un estandarte verdades tan sencillas y abismales como que “los amigos no mienten”. La trama y sus personajes, con su evolución biográfica personal y grupal, han gritado al mundo algo tan simple, tan revolucionario y tan olvidado como que lo esencial, lo que nos realiza como personas, no es el éxito o el poder, sino la amistad. Que de nuestros demonios no escapamos apretando los dientes ni cerrando los ojos, sino tendiendo la mano. Que siempre vale la pena seguir esperando al rostro que nos salve, y también seguir al pie de la cama del hospital, esperando a que el rostro amado despierte. Ha recordado, en resumen, que sin amigos nadie querría vivir y que, por eso mismo, cada mirada de amistad es, como diría Marcel, una apertura a la eternidad.

[1] Aristóteles. (1985). Ética nicomáquea. Ética eudemia (p. 322). Madrid: Gredos.

[2] TNT. (2017, 30 de enero). Stranger Things cast: Acceptance speech | 23rd Annual SAG Awards [Video]. TNT. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=c996ra7Wqn0

[3] Barómetro de la Soledad no Deseada en España. Disponible en: https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/derechos-sociales-consumo-agenda-2030/Documents/2024/10-06-24-barometro-soledad-2024.pdf ; p. 8

[4] Marcel, G. (1931). Trois pièces: Le regard neuf; Le mort de demain; La chapelle ardente (p. 131). Paris, France: Plon.

[5] Kant, I. (1977). Crítica de la razón práctica (p. 171). Buenos Aires: Losada.