Vivir implica saber para quiénes somos
El rostro de las pantallas
ÁLVARO LÁZAROECONOMÍA Y SOCIEDAD2026, NÚMERO 4
Profesor de Fisiología de la Universidad CEU San Pablo
10/28/20265 min leer


Este curso 2026-2027 da la bienvenida a un ciclo acerca de la dignidad humana. Los organizadores son SCIHUM: Revista de Cultura, Ciencias y Humanidades y la Asociación Española de Cultura Académica en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad CEU San Pablo, la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad Rey Juan Carlos.
Las conferencias giran en torno a la dignidad desde una visión interdisciplinar: la realidad es poliédrica. Ni el negro ni el blanco son los preferidos de la vida, sino los grises: la paradoja domina los entresijos de la existencia. La primera de estas tiene lugar 29 de octubre en la Universidad Complutense de Madrid y se titula «Las pantallas y el devenir del rostro humano». Como ponentes, Antonio Barnés (profesor de Literatura) y David Luque (profesor de Educación) toman cartas en el asunto.
No hay cartas sin manos. Unas manos que se sirven de la creatividad disruptiva que alberga el ser humano para ponerlo todo patas arriba. Desde la revolución industrial con su máquina de vapor, pasando por la revolución tecnológica, hasta la revolución digital de nuestros días. No hay duda de que han alterado drásticamente la faz de la tierra. A su vez, han generado necesidades que antes no existían. Pobreza y riqueza se retroalimentan misteriosamente. ¿Acaso era necesario preguntarle a Claude si nuestros actos eran buenos? Eso correspondía a la conciencia.
Con ello, el tiempo y el espacio parecen haber mutado de coordenadas. La lejanía y la cercanía, tan necesarias para el desarrollo integral de lo humano, parecen haberse difuminado en el marasmo de la época. No solo corremos el riesgo de caer en un materialismo ciego, sino en un espiritualismo olvidadizo de que el Creador del universo se ha hecho carne. Esta dicotomía permite explicar mejor el viraje desde el consumismo materialista hasta el nuevo consumo de las emociones. El peso de la conciencia es una fuerza más potente que el de la gravedad. Somos espíritu encarnado. Nuestro destino es integrar, no disociar.
Por otro lado, no hay duda de que uno de los buques insignia de la revolución digital —el teléfono móvil— vino para quedarse. Estudios muestran que su uso en España se halla cerca de las 4 horas, disparándose hasta las 6 horas en el caso de la generación Z [1]. Los circuitos de dopamina se ven alterados. Es difícil no caer en la trampa de la adicción. No olvidemos que estos aparatos fueron diseñados para ello. Tampoco olvidemos lo que hacen los creadores de todo este contenido con sus hijos [2]. Para bien de sus hijos, no predican con el ejemplo. Sin olvido, con perdón.
No hemos de virar hacia el ludismo. Un teléfono móvil en la mano da mucho poder. Tanto para controlar como para ser controlados. Jordan Peterson dice que de media cada uno puede estar conectado con unas 1000 personas a lo largo de la vida. Si aplicamos un paso más allá, podemos llegar a 1 millón de personas a golpe de clic. El mundo se halla más cerca que nunca. Tenemos una oportunidad increíble de hacer mucho bien. No olvidemos que el poder jamás pudo respirar sin el anhelo de servir [3].
Abrazamos con muchas ganas esta digitalización tan rompedora. No solo en la familia y en la vida social, sino que en las escuelas se promovió su uso. Sin embargo, hemos visto que las cosas no eran como pensábamos. El chirrido de las goteras no ha tardado en golpear a la conciencia. La naturaleza es la que es. Es paradójico que Suecia, uno de los países impulsores de la introducción de lo digital en el sistema educativo, haya sido el pionero en su desmantelamiento [4]. Se dice que más vale tarde que nunca. También se dice que rectificar es de sabios. El otro siempre espera a la vuelta de la esquina.
Ese otro que se desvanece con el uso excesivo de pantallas. Queramos o no, no podemos contorsionarnos hasta el extremo, ya que nos acabamos rompiendo. Cuerpo y mente están conectados y la homeostasis (equilibrio) se halla siempre presente. Así como dormir o comer son esenciales para nuestro equilibrio fisiológico y psicológico, no podemos soportar un uso excesivo de pantallas. Quizás, podríamos remitir a Pascal y decir que «el corazón tiene razones que la razón no entiende» [5].
Si hacemos caso al Principito, veremos que lo que necesitamos es, más que una pantalla, un rostro [6]. Sabemos perfectamente que una conversación por Teams no se puede equiparar al cara a cara. El sucedáneo no pasa el filtro de la sabiduría de nuestro corazón. A nuestra voluntad le gustaría que fuese así, pero no. Esta se ve totalmente superada. Recordemos que nacimos sin ser preguntados. Fuimos hechos tal y como somos. Puro regalo. Ahora entendemos mejor de qué va todo esto. El don de la dignidad nos espera desde la eternidad.
Referencias
1. San Narciso, M. G. (2024, 10 de diciembre). La Generación Z pasa más de 4 horas al día enganchada a las redes sociales, relacionadas “con el 48% de los comportamientos agresivos”. El Periódico. https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20241210/generacion-z-pasa-4-horas-enganchada-redes-sociales-comportamientos-agresivos-118177578
2. Bilton, N. (2014, 10 de septiembre). Steve Jobs was a low-tech parent. The New York Times. https://www.nytimes.com/2014/09/11/fashion/steve-jobs-apple-was-a-low-tech-parent.html
3. Christakis, N. A. y Fowler, J. H. (2010). Conectados: El sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan. Taurus.
4. Savage, M. (2026, 20 de abril). Suecia vuelve al lápiz y papel: por qué uno de los países más tecnológicos de Europa está reduciendo la educación digital. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c1eqqwgypdno
5. Pascal, B. (2015). Pensamientos (X. Zubiri, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1670)
6. Saint-Exupéry, A. de. (2008). El principito (B. del Carril, Trad.). Salamandra. (Obra original publicada en 1943)
Resumen
El curso 2026-2027 acoge un ciclo de conferencias interdisciplinar sobre la dignidad humana, organizado por SCIHUM y la Asociación Española de Cultura Académica junto a cuatro universidades madrileñas. La primera sesión, «Las pantallas y el devenir del rostro humano», se celebrará el 29 de octubre en la Universidad Complutense. El texto parte de que cada revolución técnica ha transformado el mundo y creado nuevas necesidades. La era digital ha difuminado la cercanía y la lejanía, y plantea el riesgo de caer tanto en el materialismo como en un espiritualismo desencarnado, cuando la persona es espíritu encarnado llamado a integrar. El teléfono móvil, diseñado para generar adicción, ocupa varias horas diarias, sobre todo entre la generación Z, mientras sus propios creadores lo limitan a sus hijos. Sin embargo, el autor rechaza el ludismo: la tecnología ofrece un enorme poder para hacer el bien si se pone al servicio de los demás. El caso de Suecia, que impulsó la digitalización escolar y ahora la revierte, muestra que rectificar es posible. Apoyándose en Pascal y en El principito, el texto concluye que necesitamos rostros, no pantallas, y que la dignidad es un don recibido, no conquistado, que nos espera desde la eternidad.
Palabras clave: dignidad humana; pantallas; rostro; teléfono móvil; adicción digital; economía; sociedad
