La escritura, el tesoro de la humanidad

ELISA RAMÍREZ CANDELACULTURA E HISTORIA2026, NÚMERO 4

Ingeniera Biomédica, Máster en Machine Learning y doctoranda en Tecnologías para la Salud y el Bienestar en la Universitat Politècnica de València

10/14/20266 min leer

  Probablemente muchos de nosotros realicemos diariamente una acción que a menudo pasa completamente desapercibida, pero que esconde una enorme grandeza, y es el hecho de escribir. Ya sea para enviar un correo electrónico, un WhatsApp, apuntar la lista de la compra y tantas otras ocasiones en las que realizamos este acto sin pararnos a pensar en su gran trascendencia.

La escritura en su dimensión histórico-antropológica

  Remontándonos a su origen, la escritura se desarrolló hace más de cinco mil años en al menos cuatro puntos independientes del globo terráqueo: Mesopotamia, Egipto, China y Mesoamérica. Independientemente de la región geográfica, el ser humano tuvo la necesidad de desarrollar un sistema de símbolos mediante los cuales fuera capaz de expresar ideas. Tal es su relevancia para la historia de la humanidad que el nacimiento de la escritura es considerado un punto disruptivo, marcando el cambio de época de la prehistoria a la historia. [1]

  El acceso a la escritura ha sido variable a lo largo de la historia. Durante milenios, estuvo reservado a un grupo reducido de la sociedad principalmente asociado con la élite, dejando a la mayor parte de la población prácticamente al margen. Tras la invención de la imprenta en 1440, poco a poco se comenzó a ampliar el círculo de personas alfabetizadas, pero no fue hasta la Revolución Industrial cuando se produjo un giro significativo hacia la educación generalizada. Hoy la alfabetización mundial ronda el 86%, siendo, con diferencia, el momento de mayor acceso a la escritura de toda la historia de la humanidad. [2]

La escritura como sello de fidelidad

  La escritura ha tenido y sigue teniendo un poder asombroso, ya que permite perpetuar la información en el tiempo sin distorsiones, a diferencia de la transmisión oral, que es muy propensa a su modificación. Los romanos resumían esta idea con la frase “verba volant, scripta manent”, que significa: las palabras vuelan, lo escrito permanece.

  Esta función de garantía es la razón por la que, en el ámbito judicial, las leyes se ponen por escrito. Así, quedan protegidas de la arbitrariedad o la manipulación de las mismas. Testamentos, escrituras de propiedad, actas notariales, sentencias judiciales: todos comparten esa misma lógica de fijar por escrito aquello cuya distorsión tendría graves consecuencias. No es casualidad que los primeros escritos que se conocen sean contratos y recibos agrícolas. La escritura nació como tecnología de fidelidad.

La escritura como canal artístico

  La escritura posee, además, una dimensión estética extraordinaria. La escritura encierra belleza en cada uno de los símbolos caligráficos. Cada uno de esos trazos es capaz de expresar arte. La complejidad y la elegancia de alfabetos como el árabe o algunos de los orientales han sido objeto de estudio y admiración por muchos.

  Por otro lado, aunque cada letra tenga una representación estándar en un alfabeto determinado, cada persona es capaz de interpretar los trazos de una manera única e irrepetible. Esa tipografía que cada uno desarrolla de manera inconsciente se queda grabada en nuestro cerebro constituyendo un sello identitario de la persona. Existen, incluso, numerosos estudios que relacionan la morfología de la letra con patrones y características de la personalidad del escritor, relacionando, por tanto, la caligrafía con nuestra identidad.

  Otra dimensión artística de la escritura es la literatura. Desde la poesía hasta el teatro o la prosa, han sido géneros en los que muchos autores han contribuido a la generación de arte. Gracias a la escritura, esas obras literarias han podido ser preservadas tal y como el autor las pensó, teniendo el poder de influir en la vida de tantas personas a lo largo de los siglos.

La escritura como mejor aliado de nuestro cerebro

  Nuestro cerebro funciona de manera completamente no lineal. El pensamiento es más bien una red de conexiones activadas en paralelo, conectadas en múltiples direcciones a la vez. Es capaz de conectar simultáneamente distintos momentos, lugares o situaciones. Sin embargo, el lenguaje es estrictamente lineal: una palabra debe ir detrás de otra y una idea, a continuación de la anterior. Eso exige, por tanto, un proceso de linealización, es decir, lo que comúnmente se podría denominar ordenar las ideas.

  Ese proceso se produce en nuestro cerebro mediante dos redes neuronales. La red neuronal por defecto (DMN) es aquella que se activa cuando generamos ideas, imaginamos o divagamos. El proceso de convertir ese conjunto de pensamientos en una secuencia ordenada requiere de la red de control ejecutivo (ECN) localizada en la corteza prefrontal, encargada de la atención dirigida y la inhibición de respuestas. Escribir, en este sentido, es un ejercicio de alternancia rápida entre generar libremente y organizar con control [3]. Esa práctica de ordenar ideas va construyendo lo que se denomina reserva cognitiva, que consiste en el desarrollo de rutas alternativas de procesamiento de la información y otorga un mayor margen de maniobra frente al envejecimiento. [4]

 Otro beneficio de la escritura para el cerebro es la mejora de la retención en el aprendizaje. Esto es debido a que se fuerza al cerebro a procesar la información de forma más profunda que en la lectura o la escucha. Además, escribir a mano añade un beneficio extra en el aprendizaje, ya que en el trazo de cada letra se suma un circuito motor que coordina lo que se ve, lo que se piensa y cómo se mueve la mano. Esa combinación hace que se conecten entre sí más zonas del cerebro que al pulsar teclas idénticas una y otra vez, favoreciendo el aprendizaje. [5]

La escritura en peligro de extinción

 La escritura constituye un elemento valiosísimo y propio del ser humano que encierra un poder extraordinario desde múltiples perspectivas. La escritura ha ido acompañando al ser humano a lo largo de toda la historia, siendo testigo, aliada y confidente en numerosas ocasiones. Además, ha permitido desarrollar y llevar al máximo exponente parte de nuestra condición humana en su dimensión artística.  Aunque actualmente hemos llegado al momento de toda la historia de la humanidad en el que la mayor proporción de personas tiene acceso a la escritura, también nos encontramos en un período de crisis.

  Por una parte, desde la aparición del teclado —en la máquina de escribir y posteriormente en el ordenador y distintos dispositivos— se está dejando de lado la práctica de la escritura a mano, perdiendo su componente artístico e identitario que tiene la caligrafía y, por otro lado, el beneficio cerebral que otorga. Ya desde pequeños, en algunos colegios se ha comenzado a sustituir el desarrollo de esta práctica tan beneficiosa por el uso de tablets y dispositivos electrónicos. También muchos adultos han dejado la escritura en un baúl olvidado, como un elemento inútil e innecesario.

  Por otro lado, la irrupción de la inteligencia artificial está permitiendo realizar tareas propias del proceso de escritura, como la linealización de ideas o la creatividad. La inteligencia artificial es capaz de proporcionar resultados de estos procesos sin necesidad de gastar energía de nuestro cerebro, siendo la opción más tentadora para muchos. Sin embargo, este hecho está mermando esa capacidad tan necesaria, no solo para mantener nuestra identidad humana, artística y creativa, sino también para nuestra salud cerebral.

  La escritura es un tesoro de la humanidad. ¿Cuánto valor tiene para ti? ¿Cuánto estás dispuesto a sacrificar?

Referencias

1. Powell, B. B. (2009). Writing: Theory and History of the Technology of Civilization. Wiley-Blackwell.

2. UNESCO Institute for Statistics. (2017). Literacy Rates Continue to Rise from One Generation to the Next (Fact Sheet No. 45). UNESCO. https://uis.unesco.org/sites/default/files/documents/fs45-literacy-rates-continue-rise-generation-to-next-en-2017_0.pdf

3. Beaty, R. E., Benedek, M., Kaufman, S. B., & Silvia, P. J. (2015). Default and executive network coupling supports creative idea production. Scientific Reports, 5, 10964. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4472024/

4. Stern, Y. (2009). Cognitive reserve. Neuropsychologia, 47(10), 2015–2028. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2739591/

5. Van der Weel, F. R., & Van der Meer, A. L. H. (2024). Handwriting but not typewriting leads to widespread brain connectivity: A high-density EEG study with implications for the classroom. Frontiers in Psychology, 14, 1219945. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1219945

Resumen

La escritura constituye un acto cotidiano que encierra una trascendencia en múltiples dimensiones. Surgió hace más de cinco mil años de forma independiente en cuatro puntos del globo terráqueo, marcó el tránsito de la prehistoria a la historia, y su acceso, antes reservado a minorías, alcanza hoy a la gran mayoría de la población mundial. Además, funciona como tecnología de fidelidad frente a la volatilidad de la palabra oral, siendo la base de leyes y contratos. Por otro lado, actúa como canal artístico mediante la caligrafía o la literatura. Neurológicamente, escribir exige un proceso de "ordenar ideas" que consiste en alternar entre dos redes neuronales diferentes. Este ejercicio fortalece la reserva cognitiva y la retención del aprendizaje, principalmente cuando se realiza a mano. Frente a la grandeza de la escritura como elemento propiamente humano, la sustitución de la escritura manual por el teclado y el auge de la inteligencia artificial amenazan con la extinción de este tesoro, planteando qué estamos dispuestos a sacrificar.

Palabras clave: escritura; neurociencia; reserva cognitiva; alfabetización, caligrafía