La libertad participada y compartida

DOMINGO AGUILERA PASCUALFILOSOFÍA Y PENSAMIENTO2026, NÚMERO 2

Físico , filósofo y empresario

5/6/20266 min leer

  Benedicto XVI, siendo ya Papa Emérito, pronunciaba todos los domingos, y las principales fiestas, una homilía en su residencia del Monasterio Mater Eclesiae, que fueron grabadas por las “Memores Domini” en connivencia con Mons. Georg Gänswein [1] . En la homilía del 26 de abril de 2015 se plantea que en la actualidad hay mucha gente que para reclamar su autonomía se rebela contra Dios y no quiere ser oveja, a lo que responde el Papa Emérito: “¡Sí! Es verdad que no somos ovejas, que somos personas libres, dotadas de razón, voluntad y amor, y tenemos nuestra libertad; pero también es verdad que esta libertad nuestra necesita iluminación, es una libertad participada, es una libertad compartida; no conocemos el camino, necesitamos la brújula para encontrarlo”.

  Durante muchos siglos se ha remachado la idea de que la libertad reside en la voluntad. Esta idea surge al concebir al ser humano como una dualidad simple: cuerpo y alma. Según esta concepción simplista del hombre, la libertad sólo puede residir en el alma y dentro de esta en la voluntad, lo cual hace que la persona humana se agote en su propio “yo”. Esta es una concepción reduccionista de la persona, donde resulta fácil que se establezcan conflictos entre la libertad y los mandamientos, al considerar a estos como un conjunto de normas que conculcan la libertad.

  Siguiendo ese esquema, la mayoría de las Antropologías actuales reducen al hombre a su esencia: naturaleza corporal más esencia inmaterial –inteligencia y voluntad-, siendo su cúspide el hábito de la Sindéresis también denominado “yo” por los filósofos actuales. Según estas antropologías, el hombre no es trascendente y se agota en su propia percepción: “Yo soy lo que tengo” y, en este caso, la libertad se reduce a elegir, que es lo que llamamos comúnmente “libre albedrío”. Esta libertad no es compartida, es necesitante y está orientada al tener para vivir.

  La Antropología Trascendental del filósofo Leonardo Polo [2] , que parte de la filosofía clásica de los griegos, propone otra forma más alta de libertad al tomar el concepto de persona de los padres de la iglesia, que lo describen como “esperanza”. Así, Polo concibe la persona como un además [3] , como un ser con posesión de futuro, no siendo lo más alto del ser humano el hábito de la Sindéresis, sino que hay una parte espiritual que denomina Intimidad Personal, o Persona y que define como acto de ser co-existente.

  El camino intelectual del filósofo Polo se basa en distinguir el acto de la potencia, siendo la esencia humana –alma y cuerpo- la potencia de un acto de ser distinto del Acto puro (Creador) y distinto del Universo. Este acto de ser lo define como ser co-existente [4] y lo denomina Persona.

  El ser humano nace en el universo, pero no pertenece al universo, como sí pertenecen los animales [5]. El hombre no es el animal más evolucionado de la naturaleza, sino que es “el habitante del universo que sabe que existe” [6] . Precisamente “en la infinitud del entendimiento arraiga la aventura del trascender humano “ [7] por lo que el conocer es lo propio de la persona para descubrirse y crecer en el “otro”. Que seamos co-existentes significa que para existir necesitamos al “otro”. No nos hemos dado a nosotros mismos el existir, el cual hemos recibido como acto de ser directamente del Creador, ni tampoco la esencia ni la naturaleza corporal, que hemos recibido de nuestros padres como potencia del acto de ser co-existente. Esto significa, que radicalmente todos los humanos somos hijos, por lo que debemos partir de esta realidad y aceptar lo que nos ha sido dado: Aceptarnos como existentes en otro y aceptarnos con las limitaciones o circunstancias en las que hemos nacido de nuestros padres. Esta radicalidad de la filiación, que ha sido sustituida en la sociedad actual por el “yo” solitario, es la que ha de ser redescubierta como fundamento de la persona libre.

  El acto de ser de la persona se constituye en libertad personal, siendo esta junto con el conocer trascendental y el amor donal, los tres trascendentales personales que introduce Polo. Esta formulación de la libertad como constituyente del ser personal, sólo la ha propuesto desde el inteligir el filósofo Leonardo Polo, quien la descubre con su Método del Abandono del Límite Mental, aplicando el hábito de Sabiduría [8] .

  Visto con este nuevo enfoque, podemos señalar que la persona más que libre es libertad, porque la libertad constituye al ser [9] , y esto es una revolución para todos aquellos que no saben quién son ellos. Esta libertad no es añadida a la persona sino constituyente de la misma y es donal, por lo que esta libertar sí que es participada y compartida. Esta libertad personal no puede ser sola, sino que, por ser el acto personal co-existente, necesita del “otro” para existir y para crecer.

  La grandeza del ser humano radica en su acto de ser-con, no en su esencia. Por ser acto de ser no puede morir, su verdadero ser es existir y este existir es irrestricto y eterno, siempre que culmine en su “réplica” [10]. Si la persona pierde su referencia al Origen, a su “réplica”, al perder el sentido de su ser co-existente, buscará referenciarse a sí mismo en su esencia y entonces su tener pasará a ser su referencia. Se habrá cosificado en las cosas y será un qué en vez de un quién.

  Por el contrario, cuando nos aceptamos como criaturas, como hijos de Dios, que eso somos -aunque no estemos bautizados, ya que el bautismo es una elevación posterior para entrar en la Iglesia, donde podemos recibir la plenitud de la gracia- entonces sabemos que tenemos un Padre que nos acepta tal como somos y que, teniendo un proyecto distinto para cada uno, nos tiene preparado un premio enorme: ser amados y amar sin límites, que es crecer fuera del tiempo, en un continuo ahora que no cesa. Estamos en una decadencia social notoria, que no hace falta describir, por evidente. Sin embargo, no estamos descartados, no estamos vencidos; y no lo estamos porque tenemos un Padre, una historia y un futuro. La persona siempre tiene futuro, porque es libertad y porque conoce irrestrictamente, pudiendo conocer su historia y saber quién es él.

  En resumen:

  Benedicto XVI como teólogo y pastor nos propone que, desde el amor, hay otra libertad que es compartida y que nos guía en nuestro camino. Polo desde el inteligir nos propone utilizar toda la inteligencia, no solo la razón objetiva, para alcanzar nuestra réplica como hijos y vivir en libertad compartida.

Referencias

1. Se han recogido estas homilías en varios tomos, el primero es “EL SEÑOR NOS LLEVA DE LA MANO” Ed. ENCUENTRO. El pastor que guía y defiende de los lobos. P.182. https://edicionesencuentro.com/libro/el-senor-nos-lleva-de-la-mano/

2. Leonardo Polo Barreda (1926- 2013) es un filósofo español coetáneo con Joseph Ratzinger y que se distingue de los personalistas por su Teoría del Conocimiento cuyo núcleo es su Método del Abandono del Límite Mental.

3. Leonardo Polo amplía el concepto de persona, que Boecio expresó como “sustancia individual de naturaleza racional”, para elevarla como acto de ser distinguible de la Identidad Originaria y de la Persistencia. El hombre es semejante a Dios porque ambos son personas –actos de ser co-existentes- que pueden relacionarse como tales.

4. La persona es espiritual, es un acto de ser libre que no se ha dado la existencia y que es en “otro”, por eso Polo introduce los guiones co-ser o ser-con.

5. Los animales, los vegetales y los minerales son partículas elementales que siguen las cuatro causas de forma con-causal. Afirmar la causa-efecto es una reducción lógica porque siempre las cuatro causas actúan con-juntamente aunque en distinta proporción

6. García González, J. A., El Hombre como persona, IDEAS Y LIBROS EDICIONES. Este saber de sí vivifica a la esencia y el “yo” a la naturaleza.

7. Polo, L., EPISTEMOLOGÍA, CREACIÓN Y DIVINIDAD, EUNSA, Cap. 2.1, Dios y la infinitud del entendimiento, p.64.

8. Al conocer el abstracto ya no progresamos. Para progresar necesitamos recurrir a los hábitos.

9. Para Polo el ser tiene tres trascendentales: la libertad personal, el conocimiento personal y el amar personal. EPISTEMOLOGÍA, CREACIÓN Y DIVINIDAD, p. 191.

10. La “réplica” para Polo es: “aquél semejante que nos acepta como somos”. Por encima de las personas que en esta vida nos acepten –más o menos- hay un semejante que nos acepta como realmente somos: el Creador. EPISTEMOLOGÍA, CREACIÓN Y DIVINIDAD, p.196.