La permanencia de los parásitos: una crítica desde la virtud

JIMENA ALCÁZARMEDICINA Y SALUD2026, NÚMERO 1

Estudiante de Farmacia y Administración y Dirección de Empresas en la Universidad CEU San Pablo

2/25/20265 min leer

  Las relaciones entre los parásitos y los seres humanos no son ni un ideal utópico ni un fenómeno contemporáneo, sino más bien un fenómeno histórico que ha acompañado a nuestra especie desde los tiempos de nuestros antepasados. Artículos recientes muestran que se han encontrado parásitos intestinales en los restos de soldados romanos que defendían el Muro de Adriano (Inglaterra) hace miles de años [1]. Aunque la romana era una de las civilizaciones más desarrolladas de su época - con unas excelentes condiciones sanitarias para entonces - las infecciones parasitarias ya estaban profundamente arraigadas en sus vidas.

  Para combatir los parásitos y así, poder sobrevivir, el cocinado y la posterior congelación de los alimentos se hizo necesario. Estos procesos suponían y suponen una forma de eliminación de parásitos, bacterias y formas infectantes para el ser humano. No obstante, parece ser que están de moda los alimentos crudos: el tataki, el sashimi, los marinados, alimentos ahumados, el sushi y muchos otros son ya platos habituales en el menú de muchos de los restaurantes que frecuentamos [2].

  Otro de estos alimentos con riesgo de albergar parásitos es el Anisakis. Este se infecta tras comer crustáceos que a su vez están infectados con la forma de vida libre L3 del parásito. A pesar de los avances en higiénico-sanitarios de nuestra época, todavía se puede encontrar en nuestras pescaderías hoy en día. Los parásitos han sido, son y seguirán siendo parte de nuestra vida [3]. Las patologías causadas por los parásitos depende de diversos factores - carga parasitaria, estado del sistema inmunitario del paciente, tratamiento, etc. [4]. Sin embargo, como dijo uno de mis profesores en clase: «La mejor medicina es una buena profilaxis», lo que significa que, como muchas otras cosas en la vida, se puede evitar.

  Desde el punto de vista sanitario, los parásitos son un grupo de agentes infecciosos que tienen un impacto significativo a nivel mundial. Afectan a millones de personas en todo el mundo, especialmente en regiones con acceso limitado al agua potable, falta de recursos para el cuidado de los pacientes o mala atención clínica. Según los científicos Kaminski y Mäser (2025), las infecciones siguen desempeñando un papel importante en nuestros hospitales. No solo por su prevalencia, sino también por sus efectos a largo plazo obstaculizando el desarrollo físico e incluso cognitivo y social de las personas afectadas [4].

  Los parásitos más comunes o destacables son: Toxoplasma gondii, Entamoeba histolytica, Giardia intestinalis, Ascaris lumbricoides y Enterobius vermicularis. Estos parásitos causan diversos síntomas clínicos, como anemia, trastornos gastrointestinales (leves o crónicos) y malnutrición, entre otros. También hay casos asintomáticos. Sin embargo, es importante destacar el impacto de estas enfermedades en nuestro sistema inmunológico e incluso en nuestro metabolismo [5].

 Los ejemplos anteriores resumen mi idea: los parásitos no son patologías puntuales, sino compañeros de por vida - valga la redundancia. En la antigüedad, estos organismos estaban especialmente presentes por el modo de vida colectivo y las limitaciones científicas y tecnológicas. Pese a que se han producido avances significativos que han reducido el número de infecciones parasitarias y la gravedad de las enfermedades, sorprende ver cómo su presencia sigue siendo una constante.

 Las relaciones entre los parásitos y los seres humanos son interesantes y no siempre son unidireccionalmente negativas. Existen varias hipótesis que sugieren que determinadas relaciones parasitarias, en condiciones controladas, pueden modular el sistema inmunitario para controlar las enfermedades autoinmunes [6]. Esta ambigüedad refuerza la idea de que los parásitos no son simplemente enemigos externos, sino actores complejos que forman parte del equilibrio biológico del ser humano. Su estudio requiere un enfoque que combine el rigor científico, la perspectiva histórica y la comprensión de la vulnerabilidad inherente a nuestra condición.

  Las reflexiones sobre los parásitos nos permiten hacer una analogía profundamente humana: la crítica como uno de los parásitos más resistentes de la vida social. La crítica, definida como la evaluación de los demás, es una compañera de vida de los seres humanos desde sus orígenes. Al igual que los parásitos, la crítica puede ser persistente y, dependiendo de su forma, puede ser perjudicial o beneficiosa [7].

  Es importante señalar la diferencia entre la crítica constructiva y la crítica destructiva. La crítica constructiva tiene como objetivo corregir, enmendar y nutrir, para que la persona criticada alcance un cierto nivel de crecimiento. La crítica destructiva, por el contrario, explota los errores de los demás, socava su dignidad y debilita las relaciones humanas. Podemos decir que la crítica destructiva actúa como un parásito, explotando ciertas partes, situaciones, rasgos y características de la condición humana en beneficio propio.

  Ante la existencia de críticas constantes, surge una cualidad esencial: la humildad. No criticar no significa indiferencia, sino reconocer las propias limitaciones. Aceptar la debilidad humana significa aceptar nuestra capacidad de cometer errores, ya que nadie humano está por encima de ello. Además, las críticas y los juicios constantes hacia los demás nos impiden ver nuestros propios errores, en lugar de aprender de los errores ajenos. La humildad permite aceptar la imperfección.

  La presencia constante de parásitos a lo largo de la historia de la humanidad pone de relieve una debilidad que el progreso científico no ha podido erradicar por completo. Del mismo modo, la crítica es un elemento inevitable de la convivencia humana, capaz de dañar o ayudar en función de la intención que la impulsa. Cuando la crítica se ejerce sin humildad, actúa como un parásito que erosiona al otro. Cuando se orienta hacia el bien ajeno, se convierte en una virtud. Reconocer nuestra fragilidad es el primer paso hacia una crítica verdaderamente humana.

1. Marull, D. R. (2025, December 31). La maldición de los legionarios romanos que defendían el Muro de Adriano en Gran Bretaña: estaban plagados de parásitos intestinales. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-antigua/20251231/11404724/maldicion-legionarios-romanos-defendian-muro-adriano-gran-bretana-estaban-plagados-parasitos-intestinales-vindolanda.html

2. Cavallo, C., Saidi, A., Cicia, G., Di Monaco, R., Del Giudice, T., & Carfora, V. (2025). Healthiness, appearance, or fashion? The drivers behind the sushi popularity in Italy. Appetite, 207(107857), 107857. https://doi.org/10.1016/j.appet.2025.107857

3. Atroch, F., Rangel, L. F., Ramos, P., Ayra-Pardo, C., & Santos, M. J. (2025). Preliminary observations on muscle distribution of Anisakis sp. L3 in European hake off Southwest Ireland. Food and Waterborne Parasitology, 41(e00303), e00303. https://doi.org/10.1016/j.fawpar.2025.e00303

4. Kaminsky, R., & Mäser, P. (2025). Global impact of parasitic infections and the importance of parasite control. Frontiers in Parasitology, 4, 1546195. https://doi.org/10.3389/fpara.2025.1546195

5. Sikder, S., Pierce, D., Sarkar, E. R., McHugh, C., Quinlan, K. G. R., Giacomin, P., & Loukas, A. (2024). Regulation of host metabolic health by parasitic helminths. Trends in Parasitology, 40(5), 386–400. https://doi.org/10.1016/j.pt.2024.03.006

6. Smallwood, T. B., Giacomin, P. R., Loukas, A., Mulvenna, J. P., Clark, R. J., & Miles, J. J. (2017). Helminth immunomodulation in autoimmune disease. Frontiers in Immunology, 8, 453. https://doi.org/10.3389/fimmu.2017.00453

7. Bautista, R. C. (2008). La esencia de la crítica. Contribuciones a las Ciencias Sociales, 5, 4. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10544087

Agradecimientos

Este trabajo fue realizado por Jimena Alcázar Sánchez bajo la supervisión de Álvaro Lázaro Valero.