Sobre el «genio femenino» de la Santa de Ávila. Teresa de Jesús, maestra de humanidad

MARCOS GARCÍA GARCÍACULTURA E HISTORIA2026, NÚMERO 1

Genetista, doctorando en Medicina Traslacional y Profesor de Bioética de la Universidad CEU San Pablo

2/4/20265 min leer

  Cabe preguntarse cómo terminó la Santa de Ávila entre la gloria de los altares, aunque ella nunca va a aceptar honor alguno desde su imperante humildad natural, que se trasluce en cada uno de sus escritos. Vayamos a la cuestión que nos ocupa, dónde reside su genio femenino [1]. Basta con asomarse a cualquiera de sus obras como Las moradas o Castillo interior, Camino de Perfección y las Fundaciones. Eso sí, bajo mi punto de vista destacaría El libro de mi vida, su autobiografía donde revela cómo se convirtió en la gran persona que acaba por redactar dichas páginas.

  La cultura española alcanzaba sus más altas durante el llamado Siglo de Oro. Al mismo tiempo que el Imperio se descomponía, salieron a la luz dos géneros literarios muy castizos. Primeramente, la picaresca, muestra de una gran originalidad al tomar por personajes protagonistas de baja ralea como mendigos o ladrones, plasmados en el Lazarillo o El Buscón de Quevedo. El segundo género peculiar para relatar los pormenores de la vida es la mística, perteneciente al final del siglo XVI, todo un anuncio del barroco. La mística resultó ser una revelación al emplear un lenguaje natural y asequible para pintar la otra vertiente de la realidad, la sobrenatural: aquella que muestra la visión del espíritu. La Reforma Católica fue pregonada excepcionalmente con la obra, vida y fraternidad de los carmelitas, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila [2].

  Es claro que las peculiaridades en nuestro carácter intrínseco se dejan ver desde la primera gran manifestación literaria del castellano, el Mío Cid [3]. En dicho cantar de gesta es patente cómo nuestro héroe tiene una presentación más realista y humana que las exageraciones contadas en otras epopeyas medievales. La Europa que veía nacer sus naciones actuales fue asumiendo en la tradición mitos fundacionales. Más tarde Cervantes mandaría la hoguera, para curar de su idealismo a don Quijote, obras del estilo del Roland de Francia o el Rey Arturo británico. Sin embargo, la propia Santa Teresa, a la postre Doctora de la Iglesia [4], formó parte de su criterio leyendo historias similares.

  «Lee y conducirás, no leas y serás conducido», radicalmente tajante se muestra Santa Teresa a la hora de declarar la importancia de la lectura. La cita es apócrifa, pero entronca con la experiencia de la hija de Ávila más universal y militante. En los primeros capítulos de El libro de la vida narra como en la niñez descubre la belleza de las hagiografías, relatos de las vidas de santos, muy en boga en aquella época. En contrapunto también admite estar muy aficionada a los libros de caballerías, arguyendo a su favor que es una mala práctica nacida del desviado ejemplo que le ha dado su madre. No los considera apropiados por resultar historias de mero entretenimiento mezcladas con fantasía.

  Sea como fuere, estas incipientes lecturas le sirvieron para crear en ella un verdadero criterio literario y convertirse en una gran escritora [5]. Después, extremadamente importante será el libro de Las confesiones, porque esta obra de San Agustín, que es también autobiográfica, marcará un punto de inflexión en su vida. Finalmente, Santa Teresa siempre considerará primordial que en su ideal de muy encerrados monesterios haya lecturas necesarias para una buena instrucción.

  La buena base cultural de la Santa acabará por desplegarse gracias al acompañamiento. La vida de los grandes como su querido san Joseph, bajo cuya titularidad pone su primera fundación en la ciudad que la vio crecer. Propuesto como exponente de piedad, siendo para ella tan importante la oración nos denota cuan principal considera al esposo de la Virgen, su otra devoción principal. Decide tomarlo como modelo logrando que se expanda la conciencia sobre los sencillos y humildes, aquellos que pasan desapercibidos. Esa es la intención de Santa Teresa, quien opta por abandonar el seno familiar para entrar a la vida consagrada. Estamos ante las primeras muestras de independencia de una religiosa que a pesar su autonomía intelectual nunca denostará el consejo de sus amistades: caballeros y señoras, directores espirituales y confesores.

  Fr. Pedro de Alcántara, los incipientes Jesuitas o los Dominicos de S. Esteban fueron en la Iglesia como su nueva familia. Necesitada de apoyo para acometer sus reformas, quien le iba a decir a aquella joven internada en las madres agustinas de Ávila, lo que el mundo la deparaba. En dicho lugar, el Convento de Gracia, vamos a tratar de recrear dicho ambiente de familiaridad. Desde la Universidad CEU San Pablo hemos organizado Misión Ávila: tras las huellas de Santa Teresa [6]. Restaurando el antiguo convento de agustinas y conociendo el resto de los lugares teresianos. En la Casa Natal de la Santa, nos espera siempre un Cristo muy llagado atado a la columna. Esta talla de Gregorio Fernández es de una imagen que recomienda contemplar en los conventos dentro del capítulo IX de su autobiografía.

  Santa Teresa como maestra de Humanidad supo aterrizar de manera fiel, concreta y realista los ideales del cristianismo [7]. Confiada en el Hombre, como denomina a Jesús la tradición tomista, supo ver su verdadero rostro [8]. Nuestra misión en la vida pasa por encarnar los principios que nos descubren nuestra familia y amigos. En última instancia reflejar que Dios en es, en tres personas, una comunión de Amor.

1. Juan Pablo II. (1988). Mulieris dignitatem: Sobre la dignidad y la vocación de la mujer con ocasión del Año Mariano. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

2. Es preferible el término «Reforma Católica», algunos autores han acuñado incluso el concepto de «Renovación Religiosa Barroca», véase Po-Chia, R. (2010). El mundo de la renovación católica. 1540-1770. Madrid: Akal. pp. 28 y 29, en especial en el caso de España donde ya el Cardenal Cisneros actúa en tiempos de los Reyes Católicos y es el periodo de regencias cuando nace Santa Teresa. Menéndez Pidal afirmará que ella se consagró como escritora gracias a los libros promovidos por la reforma cisneriana.

3. Clemesy Y, N. (1982). Emilia Pardo Bazán como novelista (de la teoría a la práctica). Ed. Publicaciones universitarias españolas. 1ª ed. C. VIII: de la derrota del Naturalismo al clima neo-espiritualista de finales de siglo: Pp. 159-189.

4. Pablo VI. (1970). Proclamación de S. Teresa de Jesús «Doctora Iglesia universal» (27 de septiembre de 1970).

5. «En tiempos en que el castellano no se juzgaba apto como lengua teológica, los libros de mi vida y de las Moradas se citarán en las cátedras salmantinas como testimonio de la Verdad. Después de Santa Teresa de Ávila no hay eslabón que falte en la lengua española. Nuestra lengua es arte y expresión de lo místico» (Prólogo de Carlos Prieto García a Teresa de Jesús, libro de su vida. Edición de 1985. Club Internacional del Libro, Madrid).

6. García-García, M. (Martes 27/01/2026) Misión Ávila: tras las huellas de Santa Teresa. ABC Familia.

7. Castro Sánchez, S. (2017). La mística de Teresa de Jesús. Editorial de la Espiritualidad ò
Castro Sánchez, S. (1990/2) Jesucristo en la mística de Teresa y Juan de la Cruz. Teresianum Pp. 349-380.

8. El tomismo explica como Jesús es el Hombre (Homo perfectus), el arquetipo que realiza la naturaleza humana en su plenitud, siendo la unión perfecta de cuerpo y alma, razón y gracia, que el ser humano creado aspira a ser, encontrando en Él su fin último y realización en Dios. Tomás de Aquino, siguiendo la patrística (Dionisio Areopagita, San Juan Damasceno), ve a Cristo no solo como hombre verdadero, sino como la humanidad perfeccionada en su Persona Divina, reflejo de la imagen de Dios.