Tucídides y la Guerra Incivil Española
ENRIQUE SÁNCHEZ COSTACULTURA E HISTORIA2026, NÚMERO 1
Profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo
2/11/20264 min leer


Tucídides escribió hace 2.400 años su Historia de la Guerra del Peloponeso. Es el primer libro riguroso de historia, que aborda la Guerra Civil griega entre Atenas, Esparta y sus aliados respectivos. Tucídides señala el “salvajismo” y la “terrible conmoción” que se apoderó de todo el mundo helénico. Escribe: “La guerra, al suprimir las facilidades de la vida cotidiana, se convierte en un maestro de violencia y coloca las pasiones de la masa al nivel de las circunstancias imperantes” [1].
Cuenta Tucídides cómo “las ciudades se hallaban en estado de constante revolución, [...] de subversión de los valores, tanto por el ensañamiento en los golpes como por la atrocidad en las represalias. Incluso, para justificar su conducta, llegaron a cambiar el sentido normal de las palabras: y así, una audacia irreflexiva pasó a significar valerosa adhesión al partido; una precaución sensata, cobardía encubierta”. En ese mundo hiperviolento, “llegó a concederse menos valor a la familia que a las facciones políticas” [1].
Por su parte, los campos de cadáveres de la Guerra Civil española abonaron una floración de obras literarias. Entre las extranjeras, destacan Homenaje a Cataluña, de Orwell; Por quién doblan las campanas, de Hemingway; La esperanza, de Malraux, o Los grandes cementerios bajo la luna, de Bernanos. Entre las novelas españolas, sobresale Incierta gloria (1956), escrita por el excombatiente republicano catalán Joan Sales y marcada por su humanismo cristiano, su tono lírico y existencialista.
Entre los libros de relatos de esa guerra, ninguno supera en fulgor literario y en sensibilidad humana al de Manuel Chaves Nogales: A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (1937). Su autor fue un periodista sevillano, que se definía como “intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”; como “antifascista y antirrevolucionario por temperamento", con "un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad" [2].
Chaves Nogales escribió novelas y viajó como corresponsal a la Italia fascista de los años 20, al Moscú soviético de 1929 y a la Alemania que se entregaba al nazismo en 1933. Conocía de primera mano los movimientos políticos radicales de la Europa de entreguerras, que se propagaron en España durante los años treinta y exasperaron la sociedad hasta el choque fratricida. Unos buscaban el nacionalismo conservador; otros, la revolución social. Y pocos estaban dispuestos a compartir su país con los otros.
Durante la Guerra Civil española, se calcula que, entre los dos bandos, se mataron a unas 100.000 personas en la retaguardia. En un caso, a burgueses, religiosos o conservadores; en el otro, a comunistas, anarquistas o partidarios del Frente Popular. Cambian los destinatarios del odio, pero converge el mismo tribalismo fanático, que se ensaña con personas indefensas, lejos del frente. Los nueve relatos de Chaves Nogales se sitúan casi siempre en ambas retaguardias, donde falangistas o anarquistas, señoritos o proletarios, siembran el terror.
“La bestia humana había roto sus ligaduras”. “La guerra y el miedo lo justificaban todo”. Era, en el fondo, el “miedo a la libertad. El miedo odioso del sectario al hombre libre e independiente”. El ser humano se convierte en un molino irracional, agitado por el viento de sus pasiones. El encono se palpa no solo en el campo de batalla, sino también entre los moribundos del hospital (que se insultan) o en la quema de imágenes religiosas. Los lobos de la venganza corren, desatados, por campos y ciudades [3].
Chaves Nogales pasó los primeros meses de la guerra en Madrid. Pero, hastiado ante tanta venganza inútil, se exilió de España en 1937. También se exiliaron, durante la guerra, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Américo Castro o Salvador de Madariaga. Ninguno quiso justificar con su pluma los desafueros de uno u otro bando.
La lucidez de estos intelectuales los condenó al ostracismo: rechazados por ambos bandos, su postura equidistante fue interpretada como traición por quienes exigían adhesión total. Chaves Nogales compartió con ellos esa “tierra de nadie” moral: la del testigo que se niega a mentir. Su mirada, despojada de propaganda, captura la tragedia en su crudeza más elemental: el hombre común arrastrado por fuerzas que no comprende, el vecino transformado en verdugo, la civilización desmoronándose en un abrir y cerrar de ojos. A sangre y fuego no es literatura de tesis, sino de duelo: el duelo por una España que se desangró matándose a sí misma [4].
Chaves Nogales murió en Londres en 1944. Nos legó un libro sobrecogedor que, en la línea de Tucídides, refleja cómo el ser humano, azuzado por la guerra, se animaliza y se adentra en la barbarie.
1. Tucídides. (2002). Historia de la Guerra del Peloponeso (A. Guzmán Guerra, Trad.). Editorial Gredos. (Obra original escrita ca. siglo V a. C.).
2. Chaves Nogales, M. (2003). A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (1.ª ed. 1937). Editorial Crítica.
3. Chaves Nogales, M. (1937/2025). A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España. Renacimiento Editorial.
4. Fraser, R. (1979/2001). Blood of Spain: An Oral History of the Spanish Civil War. Pantheon Books.
