Autores influyentes en Humanidades y Ciencias Sociales

ENRIQUE SÁNCHEZ COSTAFILOSOFÍA Y PENSAMIENTO2026, NÚMERO 3

Profesor del Instituto de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo

6/2/20264 min leer

  ¿Cuáles son los autores de humanidades y ciencias sociales más citados en las guías docentes de las universidades de Estados Unidos? El proyecto Open Syllabus, tras analizar 27 millones de programas de asignatura, arroja conclusiones interesantes [1].

  Los 20 autores más citados son, en este orden: Foucault, Shakespeare, Marx, Giddens, Butler, Platón, Said, Barthes, Kant, Bourdieu, Freud, Weber, Bauman, David Harvey, Stuart Hall, Virginia Woolf, Locke, Amartya Sen, John Stuart Mill y Aristóteles.

  Entre los 60 autores más citados, hay 2 de la Edad Antigua (Platón y Aristóteles), 7 de la Edad Moderna (Shakespeare, Kant, Locke, Rousseau, Maquiavelo, Hume y Descartes) y 51 de la Edad Contemporánea. El presente se impone a la tradición. Resuena el espíritu revolucionario, la filosofía de la sospecha y la crítica implacable del pasado. Así lo gritó Ezra Pound: “Make it new!” [2].

  La disciplina más representada es la filosofía, que sigue siendo central en las humanidades. Predominan los pensadores vinculados al marxismo y la teoría crítica (o influidos por ambos). Filósofos: Marx, Benjamin, Adorno, Fanon, bell hooks, Freire, Butler, Said, Foucault y Derrida. Sociólogos: Bourdieu, David Harvey, Stuart Hall, Bauman, Manuel Castells, Raymond Williams y George Ritzer.

  Entre los escritores de la lista, unos forman parte del canon occidental anglófono (Shakespeare, Dickens, Eliot, Faulkner, Joyce y Hemingway); otros reflexionan sobre la ética y lo monstruoso (Mary Shelley y Conrad); sobre la experiencia afroamericana (Frederick Douglass y Toni Morrison); sobre la alienación moderna (Kafka), sobre el feminismo (Woolf) y sobre el totalitarismo (Orwell).

 En humanidades y ciencias sociales, la Academia pone el foco en estudios que critican las estructuras de poder; que exploran la identidad y la subjetividad; que abordan los desafíos de la modernidad y la globalización. De ahí el protagonismo de los estudios de género y sexualidad, los enfoques postcoloniales o la ecocrítica, que forman hoy el nuevo canon.

  Hasta aquí, la exposición de los datos. Añado ahora una reflexión personal: considero negativa la valoración hipercrítica del pasado, porque, junto a observaciones legítimas, priva a los jóvenes de una parte esencial de la sabiduría de la humanidad. Y considero reduccionista la politización actual de las humanidades y las ciencias sociales: la idea (de raíz marxista) de que todo es político, el auge del activismo en el mundo académico, etc. Desde ese enfoque, se estrecha la comprensión de la literatura, el pensamiento, la historia, el arte y, en general, el horizonte de la experiencia humana.

  Este achatamiento es grave, porque las humanidades nacieron para ensanchar nuestra comprensión de lo humano: no para constreñirla mediante esquemas ideológicos preconcebidos. Cuando se lee a Homero solo como expresión de violencia patriarcal, o a Cervantes solo como testimonio de la opresión colonial, se pierde la riqueza inagotable de esas obras: su exploración de la valentía y la mortalidad, del idealismo y el desengaño, de la piedad y el honor. La literatura, la filosofía y el arte no son meros documentos históricos que delatan sistemas de opresión; son espacios de contemplación estética y reflexión ética que trascienden su contexto inmediato.

  El problema no radica en estudiar las estructuras de poder ‒tarea legítima y necesaria‒, sino en convertirlas en la única lente interpretativa válida. Este reduccionismo hermenéutico empobrece la formación intelectual y emocional de los estudiantes. Les enseña a juzgar antes que a comprender, a denunciar antes que a admirar, a sospechar antes que a reflexionar.

  Es llamativo que autores como Confucio, Marco Aurelio, Agustín de Hipona, Teresa de Ávila o Tolstói ‒pensadores preocupados por la ética personal, la virtud, la trascendencia y la búsqueda de sentido‒ brillen por su ausencia en estas listas. La Academia contemporánea desconfía de la moralidad tradicional, de la espiritualidad y de las preguntas sobre el buen vivir, como si fueran reliquias incompatibles con el pensamiento crítico. Pero el ser humano no vive solo de desenmascarar estructuras; también necesita orientación moral, consuelo espiritual y modelos de excelencia humana.

  Hoy algunos defienden una educación centrada en “los clásicos”, al margen de las corrientes críticas contemporáneas. Otros, al contrario, leen solo a Foucault, Said o Butler, sin aprender de Dante, Montaigne, Calderón de la Barca, Goethe o Dostoyevski. Ambas posiciones son simplistas, pues desconectan al estudiante de su presente o de su pasado.

  En su lugar, reivindico unas humanidades y ciencias sociales que enseñen la historia tratando de comprender (en lugar de condenar); que contemplen, con capacidad de admiración, las mejores obras del pasado; y que integren lecturas contemporáneas, no como dogmas interpretativos, sino como un contrapeso dialéctico que enriquezca nuestra mirada.

Bibliografía

1. Open Syllabus Project. (2024). Open Syllabus Explorer [Base de datos]. https://opensyllabus.org

2. Pound, E. (1934). Make it new. Faber & Faber.


Resumen

El proyecto Open Syllabus ha analizado 27 millones de guías docentes universitarias en Estados Unidos para identificar a los autores más citados en humanidades y ciencias sociales. Este artículo parte de los datos arrojados por dicho estudio —que sitúa a Foucault, Shakespeare, Marx, Giddens y Butler en las primeras posiciones— para reflexionar sobre el canon académico contemporáneo. Tras describir el predominio de pensadores vinculados al marxismo, la teoría crítica, los estudios de género y los enfoques postcoloniales, el texto observa la notable ausencia de autores centrados en la ética personal, la espiritualidad y la búsqueda de sentido, como Confucio, Marco Aurelio, Agustín de Hipona o Tolstói. Desde una perspectiva crítica con la politización reduccionista de las humanidades, se argumenta que leer los clásicos únicamente como documentos de opresión empobrece la formación intelectual y emocional de los estudiantes. El artículo concluye reivindicando unas humanidades dialécticas, capaces de integrar la admiración por las obras del pasado con las aportaciones de la crítica contemporánea, sin convertir esta última en dogma interpretativo.

Palabras clave: humanidades; canon literario; teoría crítica; Open Syllabus Project; educación universitaria; cultura; historia