Castillos en el aire: educar sin saber qué es el hombre

JOSÉ LUÍS MARTÍN DE MIGUELECONOMÍA Y SOCIEDAD2026, NÚMERO 3

Profesor del Instituto de Humanidades de la Universidad CEU San Pablo

7/22/20264 min leer

  En los últimos días, los medios se han hecho eco de una propuesta del Ministerio de Educación, donde se plantea bajar las ratios de alumnos por aulas [1]. Pero el gabinete de Milagros Tolón desconoce cuál es la realidad acuciante de nuestro tiempo.

  La época contemporánea se caracteriza por poseer constantes y rápidos cambios. Ejemplo de ello es la IA. Por eso, se debe plantear, si es que estamos en una época de cambio o en un cambio de época. Se habla ya de la Cuarta Revolución Industrial precisamente ligada a la IA. También hay quien apuesta por denominar a esta nueva etapa histórica la «Era Digital», como es el caso de Paolo Benanti [2].

  La educación actual, no ha salido ilesa de este proceso, sino que es manifestación de las problemáticas sociales. Una sociedad empieza a cambiar entre otras cosas por la educación que imparte, por la formación de las nuevas generaciones. Cabe plantearse si se ha llegado al «fin de la era del saber» [2]. Pues se aprecia cómo la pedagogía pasa a estar al servicio de la inmediata novedad, el aprendizaje se basa etéreas competencias como «aprender a aprender». Este tipo de competencias sepultan todo crecimiento, en aras de la autonomía del sujeto para aprender, recuperando la idea rousseauniana del «buen salvaje». Se deja así de impartir conocimiento, y sin conocimiento es imposible continuar creciendo y ser cada vez una persona mejor. De fondo subyace por tanto una concepción antropológica, pues es la antropología la que ha de dar razón de quién es el hombre. Diciendo Edith Stein en este sentido que, «la pedagogía que carezca de respuesta a la pregunta qué es el hombre no hará sino construir castillos en el aire» [3].

  Algunos autores que interpretan la posmodernidad, como Higinio Marín, hablan de que ni siquiera se hace arqueología filosófica del conocimiento. Se rechaza en nuestro tiempo la máxima platónica de que conocer es recordar [4]. Porque la persona únicamente puede conocer aquello que se ha subjetivado. Todo aprendizaje requiere así de la memorización, pues esta supone una interiorización. Para poder pensar se requiere de conocimiento, ya que no se puede considerar aquello que está ausente [5].

  La educación de hoy en día renuncia así a la belleza de lo natural. Se rechaza la naturaleza y se pone en su lugar la cultura, olvidando que esta es fruto de la misma humanidad [6]. Para 3 apostar así, por una cultura y un mundo sin aristas, el de lo bello digital, el mundo de las pantallas [7]. Frente a esto, cabe señalar que la persona es únicamente madura cuando da frutos. Por ello, educar es indicar a la vez que iniciar, el camino que conduce a la madurez [8].

  La desaparición del esfuerzo, del dolor, del sudor de la frente, supone un grave fracaso del sistema educativo, ya que las personas logran madurar cuando se esfuerzan y entran en contacto con el conocimiento [9]. Pero nuestro mundo posmoderno abole la verdad y con ello la libertad, ya no existe vinculación entre libertad y verdad [10]. La mentira ya no esclaviza ni la verdad te libera. La «modernidad líquida» ha roto la solidez de las cosas, cualquier vínculo, cualquier idea precedente es cuestionada y puesta bajo sospecha [11]. Se cierra la alteridad, se olvida la condición anhelante de la persona, donde incluso se valora al ser humano como el homo deus. La posmodernidad ha renunciado al deber en favor del poder. La revolución parisina de Mayo del 68 establece el «prohibido prohibir» y por ello, se produce el advenimiento de una nueva cultura impregnada de este narcisismo y de utopía voluntarista [12].

  Esto hace que filósofos como Byung-Chul Han expongan que, los «infartos psíquicos» y los estados patológicos actuales como el TDH, la depresión o el burnout, tengan su origen en una violencia de la positividad y con ello un origen y problema antropológico [13].

  Hemos pasado así a la aceptación automática del modelo rousseauniano, que sacrifica la función educativa, resultando una sociedad desheredada [14]. La enseñanza ya no se interesa por transformar esclavos en personas libres donde se aprenda a hacer el bien y a deleitarse con la belleza del mundo [9]. Por eso la civilización se juega en la educación. Porque educar es civilizar.

Referencias

[1] Educación planea reducir las ratios en las escuelas: hasta cuatro bebés por educadora para menores de 1 año. (2026, 24 junio). RTVE.es. https://www.rtve.es/noticias/20260624/educacion-reducir-ratios-cuatro-bebes-educadora-menores/17129890.shtml

[2] Benanti, P. (2024). La era digital. Ediciones Encuentro.

[3] Delibes Liniers, A. (2024). El suicidio de Occidente: la renuncia a la transmisión del saber. Ediciones Encuentro.

[4] Martínez-Carbonell López, A. (2024). La educación vivida y pensado por Edith Stein. En Fayos Febrer (Ed.), Personalismo y educación (pp. 143-164). Dykinson.

[5] Marín Pedreño, H. (2025). Filosofía breve de la vida. Ediciones Encuentro. 4

[6] Luri, G. (2022). La escuela no es un parque de atracciones. Ariel Editorial.

[7] Negro Pavón, D. (2009). El mito del hombre nuevo. Ediciones Encuentro.

[8] Han, B. C. (2023). La salvación de lo bello. Herder.

[9] Esquirol, J. M. (2024). La escuela del alma. Acantilado.

[10] Enkvist, I. (2025). La buena y la mala educación. Ediciones Encuentro.

[11] Pérez López, P. (2024). De mayo del 68 a la cultura woke. Ediciones Palabra.

[12] Bauman, Z. (2025). Los retos de la educación en la modernidad líquida. Herder.

[13] Pellitero Iglesias, R. (2021). Educación y humanismo cristiano. Eunsa.

[14] Han, B. C. (2024). La sociedad del cansancio. Herder.

[15] Bellamy, F. X. (2018). Los desheredados: Por qué es urgente transmitir la cultura. Ediciones Encuentro.