Vivir implica saber para quiénes somos
El diálogo bajo el microscopio: Disrupción de la comunicación celular y cáncer
NICOLÁS ORTUÑO SALORTMEDICINA Y SALUD2026, NÚMERO 3
Estudiante de Biomedicina en la Universidad Europea de Valencia
7/29/20265 min leer


Si una célula de nuestro cuerpo dejara de escuchar las señales que la rodean y comenzara a actuar de forma autónoma, ignorando los mecanismos que regulan su crecimiento, el resultado podría ser devastador: la ruptura del diálogo celular es una de las bases del cáncer. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando algo semejante sucede en el plano comunitario? ¿Qué pasa cuando las sociedades dejan de escucharse, cuando la información circula sin verificación, cuando el ruido sustituye a la verdad? La vida, en todos sus niveles, depende de la comunicación. En el plano biológico, las células necesitan intercambiar señales de forma precisa para coordinar funciones como el crecimiento, la diferenciación o la muerte celular. Cuando este diálogo se altera, pueden surgir patologías graves como el cáncer. A partir de esta idea, es posible establecer un paralelismo con el ámbito social: del mismo modo que un organismo requiere comunicación celular eficaz para mantenerse sano, las comunidades necesitan un diálogo riguroso y crítico para sostener el conocimiento y la convivencia.
Desde una perspectiva filosófica, el conocimiento ha estado siempre ligado a la comunicación. La tradición clásica lo define como “creencia verdadera y justificada”, lo que implica que la verdad no es un elemento accesorio, sino el núcleo constitutivo del saber. En este contexto, métodos como el diálogo socrático o platónico reflejan que la verdad emerge del intercambio racional y no de la mera acumulación de opiniones. Incluso en la ciencia moderna, el conocimiento se construye colectivamente mediante procesos como la experimentación y la revisión por pares, que actúan como mecanismos para reducir el error y garantizar la fiabilidad de la información.
Este principio también se observa en la biología. Las células se comunican a través de complejos sistemas de señalización que implican emisores, receptores y vías de transducción. De esta manera, existen distintos tipos de comunicación celular como la autocrina, la paracrina, la endocrina o la sináptica, que permiten regular funciones específicas según la distancia y el contexto. Además, las células integran múltiples señales y ajustan su respuesta según el contexto, lo que resulta esencial para mantener la homeostasis [1].
El cáncer puede entenderse, en este contexto, como una enfermedad de la comunicación celular [2]. No se trata solo de mutaciones genéticas aisladas, sino de una alteración profunda en los sistemas de señalización. Las células tumorales desarrollan un “lenguaje” anómalo que favorece su proliferación descontrolada y les permite evadir mecanismos de defensa como la apoptosis o la respuesta inmunitaria. Vías de señalización clave, como PI3K/AKT/mTOR o RAS/MAPK, permanecen activadas de forma constante, impulsando el crecimiento celular sin control.
Por otro lado, el cáncer no solo afecta a las células tumorales, sino que modifica su entorno, generando un microambiente en el que interactúa con otros componentes del tejido para favorecer su progresión. En conjunto, refleja un sistema comunicativo desregulado en el que las señales dejan de mantener el equilibrio [2].
En este punto, la analogía con la sociedad resulta especialmente significativa: las comunidades humanas también dependen de redes complejas de comunicación. Cuando la información se distorsiona o se satura de ruido, como en contextos de desinformación o sobreabundancia de contenidos, se dificulta la toma de decisiones fundamentadas, generando confusión, polarización y descoordinación social. Este fenómeno fue descrito por la OMS como “infodemia” durante la pandemia de COVID-19, aludiendo a la sobreabundancia de información, tanto verdadera como falsa. Asimismo, las fake news y la polarización debilitan la capacidad de generar conocimiento y el equilibrio social. Así, la ruptura del diálogo no solo supone un problema epistemológico, sino también una amenaza para la estabilidad colectiva, haciendo imprescindible un diálogo riguroso.
En este contexto de desregulación de la señalización celular, surge el interés por identificar estrategias capaces de restaurar el equilibrio del sistema. En el ámbito biomédico, los cannabinoides se han estudiado como moduladores de la señalización celular en el cáncer. Aunque se han usado principalmente para aliviar síntomas, también pueden influir en procesos como la proliferación, la apoptosis o la angiogénesis a través del sistema endocannabinoide, que regula estas señales. No obstante, su aplicación terapéutica es limitada, ya que sus efectos dependen del tipo de tumor y pueden incluir acciones inmunosupresoras [3].
Sin embargo, más allá de su interés clínico, los cannabinoides ofrecen una metáfora útil: así como estos compuestos pueden modular la comunicación celular para restaurar el equilibrio, en la sociedad el pensamiento crítico cumple una función similar. Actúa como un filtro que permite interpretar la información, distinguir lo relevante de lo erróneo y reajustar nuestras conclusiones. Cuando este mecanismo falla, aumenta la vulnerabilidad frente a la desinformación y se debilita la cohesión social.
En última instancia, tanto la biología como la filosofía coinciden en una idea central: la comunicación es la base del orden. La salud, ya sea de un organismo o de una sociedad, depende de la capacidad de sus componentes para intercambiar información de manera precisa y fiable. Cuando el diálogo se mantiene, el sistema conserva su equilibrio; cuando se rompe, aparece la desregulación.
Por ello, construir puentes de diálogo no es solo una aspiración ética o intelectual, sino una necesidad estructural. Al igual que las células requieren señales claras para sobrevivir, las sociedades necesitan comunicación verificada y pensamiento crítico para avanzar. En ambos casos, la clave no es eliminar la complejidad o la diversidad, sino gestionarla mediante sistemas que reduzcan el ruido y favorezcan la coherencia. Solo así es posible transformar la información en conocimiento y el intercambio en progreso.
Referencias
[1] Bruce Alberts, Dennis Bray, Karen Hopkin, Alexander Johnson, Julian Lewis, Martin Raff, Keith Roberts, Peter Walter, & Silvia Cwi. (2005). Introduccinón a la biologia celular. https://books.google.com/books/about/Introducci%C3%B3n_a_la_biolog%C3%ADa_celular.html?hl=es&id=qrrYZÇÇJhrRm4C
[2] Yang, J., Wang, S., Li, X., Xu, H., Sun, T., Hu, T., Luo, J., & Zhou, H. (2026). Signaling pathways and targeted interventions for precancers. Signal Transduction and Targeted Therapy 2025 11:1, 11(1), 9-. https://doi.org/10.1038/s41392-025-02342-4
[3] Vecera, L., Gabrhelik, T., Prasil, P., & Stourac, P. (2020). The role of cannabinoids in the treatment of cancer. Bratislava Medical Journal, 121(1), 79–95. https://doi.org/10.4149/BLL_2020_012
Resumen
Hay una analogía entre la comunicación celular y la comunicación social. Así como las células dependen de señales precisas para regular funciones como el crecimiento o la apoptosis, las sociedades necesitan un diálogo riguroso para generar conocimiento y mantener la cohesión. Desde la filosofía, el saber se ha vinculado siempre a la verdad y al intercambio racional, desde el diálogo socrático hasta la revisión por pares científica. El cáncer se presenta como una "enfermedad de la comunicación celular", donde vías como PI3K/AKT/mTOR o RAS/MAPK se activan de forma descontrolada, alterando el equilibrio del organismo. De modo paralelo, la desinformación y la "infodemia" (término acuñado por la OMS durante la COVID-19) generan polarización y descoordinación social. Los cannabinoides, estudiados como moduladores de la señalización celular en el cáncer, sirven de metáfora del pensamiento crítico como filtro social. La conclusión central: la comunicación —celular o social— es la base del orden, y su ruptura genera desregulación en ambos planos.
Palabras clave: Comunicación celular; cáncer; infodemia; pensamiento crítico; cannabinoides; medicina; salud
