La ciencia como acto del espíritu

NATALIA GARCÍA DORADOFILOSOFÍA Y PENSAMIENTO2026, NÚMERO 2

Estudiante de Ingeniería Biomédica en la Universidad CEU San Pablo

5/27/20266 min leer

  Edith Stein (12 de octubre de 1891) fue una de las figuras filosóficas más brillantes del siglo XX en Europa. Fue la primera mujer en obtener un doctorado en filosofía en la universidad de Friburgo y la asistente de Edmund Husserl, el llamado «padre de la fenomenología». La fenomenología es un método filosófico en el que se propone conocer la verdad observando los fenómenos tal cual son. Su base reside en la intencionalidad: entender que la conciencia no es lo que produce contenidos, sino una apertura activa hacia lo objetivo. Aquí, la verdad se define como la manifestación de ser ante el sujeto que, mediante la epojé o la suspensión de prejuicios, permite al fenómeno que se muestre en su esencia. En otras palabras, la verdad no se produce en nosotros, sino que se manifiesta [1]. Así, el sujeto no es un receptor pasivo de procesos, sino que se dirige activamente hacia el mundo mediante actos espirituales e intencionales.

  Esta comprensión sobre situarse frente al mundo es la que me viene a la cabeza cuando después de tres años estudiando ingeniería, veo que la sensación general es precisamente la de darnos cuenta de que lo que menos estamos aprendiendo es a ingeniar. Etimológicamente hablando, ingenium [2] remite a engendrar desde el propio interior, dar luz a realidades nuevas, pero hoy por hoy, solo sabemos resolver exámenes.

  Para recuperar este ingenium y pasar a ser generadora, veo conveniente rescatar algunos de los escritos de Edith Stein que dan una orientación y un contenido interesante al hecho de hacer la ciencia. Ella entró en contacto con la investigación científica de lleno, Husserl era matemático de formación, y tanto la filosofía de discípula y de maestro insistía en que una cosa es el proceso de pensar — una vivencia subjetiva y variable que fluye en la conciencia como un puro hacerse— y otra, la verdad pensada, invariable y objetiva, que el espíritu alcanza al trascender sus propios estados vitales.

  Aquí es donde el concepto de motivación entra para hacer la primera diferencia de peso. Mientras que un estudiante medio se deja llevar por manera mecánica cuando memoriza datos e incluso modelos de examen —una causalidad psíquica inercial[3]—, el científico es motivado por la estructura del objeto de estudio. Para Stein, en la motivación [4] no hay un impulso ciego, sino una razón que fundamenta el conocimiento. El investigador no es una máquina procesadora de datos, sino un centro de personalidad [5] que toma una posición activa frente al mundo.

  Hacer ciencia —la investigación, redactar publicaciones, elaborar una tesis doctoral— trasciende por completo al concepto de estudiar. Es un acto distinto, original, generador, realizado por el espíritu [6]. La psique está vinculada al entorno; el espíritu está abierto al mundo. No es la psique del investigador la que se pone en movimiento, es su espíritu el que se vuelve hacia la verdad del objeto. El científico sigue la necesidad lógica del objeto. Mientras que en el flujo automático de la conciencia simplemente las cosas «suceden» por asociación de vivencias, el acto científico es un realizarse de lo uno en virtud de lo otro[7]. Investigar es permitir que sea la estructura del objeto —la señal eléctrica, la cadena genética o la tensión de un material— la que dicte el camino a seguir. Unos están empujados por la causa, y los otros están atraídos por el sentido.

  Bajo este prisma, la ciencia se revela como acto de trascendencia. No es un ensimismamiento, sino que es el espíritu el que sale de sí mismo para encontrarse con el mundo objetivo. Esta aparente paradoja —dejarse guiar por el objeto y, a la vez, ser un sujeto generador— es la esencia del ingenium. No genero la ley física, pero sí genero el acto de comprensión, el nexo. La humildad del científico consiste en someter su ego, su subjetividad, a la verdad del objeto, dejando que esa lógica interna guíe el trabajo de su inteligencia. Es en este punto donde sucede el parto: el investigador no fabrica la realidad, sino que la ayuda a nacer al darle una forma técnica y comprensible. No inventamos la ley, pero engendramos el acto que la hace brillar en el mundo. Esto es la ciencia, el hábito intelectual, el des-velamiento de la verdad que ya habita en lo real.

  Y este cambio de perspectiva redefine la formación universitaria, recuperando sus orígenes más clásicos de Alma Mater [8]. Entender que es el espíritu el que trabaja y en el que hay que despertar la curiosidad en las clases. Transitar de la instrucción a la ciencia implica que el ingeniero no se hace sumando créditos, sino despertando la capacidad de responder a las exigencias de lo real. El estudio deja de ser una causalidad centrada en la supervivencia académica y se convierte en un sacrificio [9] intelectual por la verdad. Se trata de recuperar la capacidad de ser creativos, de estar despiertos e interpelados por la realidad que nos rodea. El objetivo no es tener una psique que simplemente aguante la presión del temario pendiente, sino cultivar un espíritu activo. La verdadera formación «no es acumular material, sino dar forma al espíritu desde dentro» [10]. Al final, y lo que quiero repetir de nuevo, es que para ser ingeniero es el espíritu el que realmente tiene que trabajar.

  Hacer ciencia es, en última instancia, la forma más alta de libertad porque es el esfuerzo por captar lo que es real y verdadero. Solo si comprendemos esto, podremos hacer entre todos que la universidad sea, por fin, el lugar donde se aprende a dar luz a lo nuevo.

1. Muchos autores de la época mantenían una postura antagónica a la fenomenología. J. S. Mill afirmaba que las leyes matemáticas eran generalizaciones de nuestra experiencia biológica, si nuestro cerebro hubiera evolucionado de forma distinta 1+1 podrían ser 3. W. Wundt (famoso por su psicología experimental) veía la conciencia como un sistema de nexos causales donde los estados vitales configuran el flujo de la verdad.

2. Del latín ingenium, formado por el prefijo in- («en», «hacia dentro») y gignere («engendrar», «producir»).

3. Stein, E. (2005). Obras completas: Vol. II. Escritos filosóficos. Etapa fenomenológica (1915-1920). Monte Carmelo. Contribuciones a la fundamentación filosófica de la psicología y de las ciencias del espíritu.

4. Stein, E. (2005). Obras completas: Vol. II, op. cit. «La motivación, entendida en nuestro sentido general, es la vinculación que conecta a los actos unos con otros: no se trata de una mera fusión, como la de las fases de la corriente de la vivencia, que trascurren simultánea o sucesivamente, o como el enlazamiento asociativo de las vivencias, sino que es un proceder de lo uno partiendo de lo otro, un realizarse o ser realizado de lo uno en virtud de lo otro, por razón de lo otro (…) se trata de actos que tienen su origen en el yo puro, que proceden fenoménicamente de él y que se encaminan hacia algo objetivo»

5. El término que se repite es Ich-Zentrum. Stein, E. (2005). Sobre el problema de la empatía. En Obras completas: Vol. II, op. cit. La idea principal es que el yo es un centro desde el cual se irradian los actos.

6. Max Scheler, también parte del Círculo de Gotinga, concentra en sus escritos una filosofía antropológica que caló en Edith Stein. En El lugar del hombre en el cosmos, Scheler diferencia entre 4 formas psíquicas (impulso afectivo, instinto, memoria asociativa, inteligencia práctica) de los seres vivos, pero al hombre le da una quinta dimensión más allá de la forma psíquica: el espíritu, que le hace ser «libre frente al mundo circundante». Scheler, M. (1994). El Puesto del Hombre En El Cosmos.

7. Stein, E. (2005). Obras completas: Vol. II, op. cit., p. 253. «...es un proceder de lo uno partiendo de lo otro, un realizarse o ser realizado de lo uno en virtud de lo otro, por razón de lo otro (…) se trata de actos que tienen su origen en el yo puro, que proceden fenoménicamente de él y que se encaminan hacia algo objetivo»

8. Alma mater es una locución latina que significa literalmente «madre nutricia». En el contexto de la universitas medieval, se refiere a la Universidad como la institución que «alimenta» el espíritu de los estudiantes y transforma su intelecto.

9. El sacrificio del ego frente al objeto se plantea de manera transversal durante los textos de Cuestiones. Por ejemplo: «Para apreciar rectamente la conexión entre la motivación y las leyes de la razón (...) [existen] «exigencias» que plantea el contenido de sentido de un acto» en STEIN, E., Contribuciones..., en Obras completas. Vol. II, op. cit., p. 256.

10. STEIN, E. (2005), La estructura de la persona humana, en Obras completas. Vol. IV, Monte Carmelo, Burgos, 2007, Lección X.