La crispación de la sociedad española actual en el diálogo político
GINÉS CABAÑERO AGUADOHERNÁN JOSÉ ABADESECONOMÍA Y SOCIEDAD2026, NÚMERO 2
6/22/20264 min leer
El problema: de la discrepancia a la enemistad
La polarización en España ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del ámbito político institucional para instalarse en la vida cotidiana. El vecino con ideas distintas ya no es visto como un amigo equivocado, sino como una amenaza real. Esta dinámica ha alimentado el auge de los partidos extremos, como demostró el resultado de las elecciones de Aragón de 2026, donde formaciones situadas en los polos del espectro duplicaron sus resultados previos.
Lo verdaderamente alarmante no es el desacuerdo político en sí, sino la forma en que los propios representantes públicos participan de esta crispación e incluso la instrumentalizan. En lugar de condenarla, la emplean como arma: plantean sus ideas como las únicas válidas, rechazan el diálogo con otras agrupaciones y demonizan cualquier pensamiento contrario. Existe un diagnóstico alarmante: según el CEMOP, el 70% de los ciudadanos percibe un aumento de la crispación [1].
Las tres causas de la ruptura
El análisis de la ruptura revela tres detonantes de la crispación sistemática:
· La perversión del marketing político 3.0: España ha transitado de un modelo de comunicación política unidireccional hacia uno hiperconectado en el que los propios ciudadanos son partícipes de la construcción de identidades fanatizadas a través de las redes sociales. Las plataformas digitales han mutado en cámaras de eco donde impera el sesgo de confirmación y el tribalismo. El resultado es una caída sostenida del interés por la información rigurosa: desde 2015, el interés por las noticias ha descendido del 85% al 55% [2].
· De votantes a hooligans (polarización afectiva): la denominada polarización afectiva —la aversión emocional profunda hacia quienes piensan distinto— no ha dejado de crecer. Los ciudadanos ya no evalúan a los partidos por sus propuestas, sino que los defienden con la lealtad ciega de un aficionado de fútbol, como un rasgo de identidad [3]. Esta fusión entre identidad personal e identidad política convierte cualquier debate en una confrontación existencial. El insulto se convierte en herramienta institucional, provocando un efecto espejo donde la crispación de los políticos se traslada directamente a la mesa familiar, rompiendo puentes de convivencia.
· El lenguaje bélico y el diccionario de la discordia: durante la XIV legislatura, términos como «golpista», «fascista», «traidor» o «facha» se convirtieron en moneda habitual [4]. Cuando los representantes del pueblo se tratan como enemigos mortales mediante el uso de este lenguaje bélico en el hemiciclo, el ciudadano asume que la convivencia con quien piensa diferente es imposible. La violencia verbal institucional es la antesala de la ruptura del diálogo social y la deslegitimación del oponente.
Marco Teórico y Perspectivas Filosóficas
Pensar el diálogo como herramienta de construcción social requiere acudir a las claves de la filosofía política:
· Space of Appearance: el discurso político violento destruye el espacio donde nos comunicamos y actuamos en unión. Sin diálogo, se rompe la esfera pública que hace posible la vida política [5].
· El deber de civilidad: es imprescindible la disposición a justificar ideas mediante la razón pública, reconociendo la legitimidad del desacuerdo en una sociedad plural [6].
· La gestión del conflicto: la tarea de la democracia no es eliminar el conflicto, sino transformar el antagonismo (ver al otro como enemigo a neutralizar) en agonismo (reconocer al otro como adversario legítimo) [7].
Propuestas para reconstruir el diálogo
El problema de la polarización es urgente y requiere propuestas de reconstrucción en varios planos para transformar el antagonismo en agonismo:
· Reforma educativa: implementar debates deliberativos en los que los alumnos defiendan posturas asignadas al azar. El objetivo no es ganar, sino defender con argumentos sólidos para fomentar la empatía lógica y buscar puentes con quien piensa distinto.
· Voluntad individual y actitud personal: ninguna reforma institucional sustituye al cambio de actitud personal. En nuestra vida cotidiana, cuando conversamos con alguien que defiende ideas opuestas, podemos elegir actuar como ejemplo de respeto.
Conclusión: el puente se construye con voluntad
Buena parte de la ciudadanía española está cansada de la política como espectáculo de peleas; ese deseo es el punto de partida para la solución. No podemos esperar que la solución venga exclusivamente de la esfera política: corresponde a cada uno de nosotros, en nuestro contexto particular, remar en la dirección contraria a la crispación sistemática.
Una democracia sana no es aquella en la que todos piensan igual, sino aquella en la que quienes piensan diferente se reconocen mutuamente como interlocutores legítimos. El puente del diálogo se construye con voluntad individual y es una labor que merece la pena abordar para asegurar los cimientos de nuestro sistema.
Referencias
[1]. Demócrata (1 de diciembre de 2025). El 70% de los españoles percibe un incremento en la crispación política, revela estudio del CEMOP. https://www.democrata.es/politica/70-espanoles-percibe-incremento-crispacion-politica-revela-estudio-cemop/
[2]. Vara-Miguel, A., Amoedo, A., Negredo, S., Moreno, E., & Kaufmann, J. (2022). Digital News Report España 2022. Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra.
[3]. Torcal, M. (2021). De votantes a hooligans: La polarización afectiva en España. Funcas.
[4]. Santos, C. (5 de abril de 2024). Breve pero intenso diccionario de insultos políticos contemporáneos. elDiario.es. https://www.eldiario.es/cultura/breve-intenso-diccionario-insultos-politicos-contemporaneos_1_11265844.html
[5]. Arendt, H. (2003). La condición humana. Ediciones Paidós Ibérica.
[6]. Rawls, J. (2006). Liberalismo político. Fondo de Cultura Económica.
[7]. Mouffe, C. (2005). En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica.
Agradecimientos
Este artículo fue realizado por Ginés Cabañero Aguado y Hernán José Abades Espinosa bajo la supervisión de José Jaime Pérez Segura.
Resumen
La polarización en España ha trascendido la política institucional para fracturar la convivencia cotidiana. Tres factores explican esta ruptura: el marketing político digital que alimenta cámaras de eco y reduce el interés por la información rigurosa; la polarización afectiva, que convierte la identidad política en tribalismo ciego; y el lenguaje bélico institucional, que normaliza la deslegitimación del adversario. Pensadores como Arendt, Rawls y Mouffe aportan marcos para reencuadrar el problema: la democracia saludable no elimina el conflicto, sino que transforma al enemigo en adversario legítimo. Las soluciones pasan por una reforma educativa basada en el debate deliberativo y, sobre todo, por el cambio de actitud individual. La reconstrucción del diálogo no puede delegarse solo en los políticos; empieza en cada conversación cotidiana.
Palabras clave: polarización; diálogo; crispación; democracia; economía; sociedad.
