La defensa de la razón ante la filosofía cientificista

FRANCISCO JOSÉ CONTRERASFILOSOFÍA Y PENSAMIENTO2026, NÚMERO 2

Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla

6/10/20265 min leer

   En el relato de Chesterton "La cruz azul", el padre Brown le dice esto a Flambeau, ladrón refinado que había convertido sus fechorías en arte: "Se que la gente acusa a la Iglesia de menospreciar a la razón, pero ocurre justo lo contrario. En toda la tierra, solo la Iglesia hace de la razón lo verdaderamente supremo. Solo ella afirma que el propio Dios está limitado por la razón" [1]. Como el teólogo-detective, el mensaje principal que Benedicto XVI intentó dirigir a sus contemporáneos fue que, en contra de la opinión popular, la Iglesia no solo no es enemiga de la razón, sino que de hecho es su última defensora.

  La filosofía por defecto del Occidente del siglo XXI es el cientifismo: solo lo científicamente demostrable se considera cierto. Esto implica una drástica autolimitación de la razón humana, pues las preguntas más importantes --por ejemplo, por decirlo con Kant: ¿Qué puedo conocer? ¿Cómo debo vivir? ¿Qué me cabe esperar tras la muerte?-- no son científicamente resolubles. El método científico, muy eficaz en su esfera --la comprensión y predicción del funcionamiento de la naturaleza física mediante la identificación de las leyes que la gobiernan-- no es el único instrumento mediante el que el hombre puede buscar la verdad.

  El método científico, por su propia naturaleza, solo es competente para indagar lo visible y mensurable; pero las fronteras de lo científicamente examinable no tienen por qué coincidir con las de lo real. Como escribió Ratzinger en 1968: "Nos hemos situado en nuestra perspectiva, que es la de lo visible, la de lo que podemos abarcar y medir. Los métodos de las ciencias naturales consisten en que se limitan a lo que aparece" [2]. Pero si aceptáramos que solo tienen sentido las preguntas científicamente contestables, "entonces el hombre mismo sufriría una reducción, pues los interrogantes propiamente humanos, es decir, de dónde viene y adónde va, los interrogantes de la religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la ciencia [...] y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo" [3]. "Si el hombre [...] tiene que dejar esos problemas decisivos a merced de un sentimiento separado de la razón, entonces no estamos exaltando la razón sino deshonrándola" [4].

  "Desplazar la religión y la ética al ámbito de lo subjetivo" significa relativizarlas y emotivizarlas. En materia religioso-moral no cabrá la argumentación racional, sino solo los sentimientos. Estas ideas encontraron una formulación filosófica, por ejemplo, en el emotivismo ético: "Cuando califico a una acción como 'buena', expreso el hecho de que yo la deseo" (Moritz Schlick, del Círculo de Viena). "Al decir que cierto tipo de acción es bueno o malo, no hago una afirmación factual [...]: expreso simplemente ciertos sentimientos morales. Y el hombre que me contradice expresa simplemente sus sentimientos morales. No tiene sentido preguntar quién de nosotros tiene razón, pues ninguno de nosotros formula una proposición genuina" (Alfred J. Ayer) [5]. El emotivismo ético ha pasado del nivel de la filosofía sofisticada al de la "sabiduría convencional" callejera. Como ha escrito Alasdair Macintyre, "la moral no es ya lo que fue [...]; hoy la gente piensa, habla y actúa en gran medida como si el emotivismo fuera verdadero [...]. El emotivismo está incorporado a nuestra cultura. [...] Esto marca una degeneración y una grave pérdida cultural" [6].

 La subjetivización/emotivización de lo religioso también implica una --inaceptable para Ratzinger-- devaluación de la fe al nivel de lo irracional. Los adalides del "pensamiento débil" postmoderno están dispuestos a perdonarle la vida al cristianismo si renuncia a su pretensión de ser la verdad y acepta ocupar un estante más en el supermercado de "tradiciones", "espiritualidades" o "creencias", junto al tarot, el yoga o el New Age. Ratzinger se opuso categóricamente: "No podríamos limitarnos, con Richard Rorty, a entender el cristianismo como una tradición entre otras, sin plantear su pretensión de ser la verdad [...]" Ya Tertuliano había acuñado esta bellísima afirmación: 'Cristo no dijo Yo soy la Costumbre, sino Yo soy la Verdad'. [...] El cristianismo quiere ser creído como el camino, la verdad y la vida" [7].

  El occidental postmoderno, que desdeña como "irracional" al hombre de fe, está dando por buena una concepción mutilada de la razón. En toda su trayectoria --como teólogo, como profesor y como Papa-- Benedicto XVI nunca dejó de llamar, no al sacrificio de la racionalidad sino, al contrario, a su ampliación o restauración: "[Debemos rechazar] los intentos estrechos y fundamentalmente irracionales de limitar el alcance de la razón. El concepto de razón, en cambio, tiene que 'ensancharse' para ser capaz de explorar y abarcar los aspectos de la realidad que van más allá de lo puramente empírico" [8]. "Nuestra fe se opone a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si esta fuera demasiado grande para él. Estoy convencido de que esta resignación es el núcleo de la crisis de Occidente, de Europa" [9].

 El cientifismo es además autocontradictorio: la afirmación "solo existe lo científicamente comprobable" no es, ella misma, científicamente comprobable [10]. El "cientifismo" no es ciencia, sino filosofía; filosofía muy defectuosa, según Ratzinger: "Está en contradicción con la esencia de la filosofía un tipo de procedimiento [...] que prohíbe a la filosofía plantear la cuestión acerca de la verdad [en los terrenos que excedan lo científicamente verificable]. Esta cerrazón de la razón en sí misma, este empequeñecimiento de la razón, no puede ser la norma para la filosofía" [11]. O el cristianismo es la verdad, o no es nada. Y el problema de Occidente es que el concepto mismo de verdad se está disolviendo.

Referencias

[1] Chesterton, G.K., "La cruz azul", en El candor del Padre Brown, Alianza, Madrid, 1988, p. 25.

[2] Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo: Lecciones sobre el credo apostólico, Sígueme, Salamanca, 2013, p. 49.

[3] Benedicto XVI, "Fe, razón y universidad" (Discurso de Ratisbona), 2006. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg.html

[4] Joseph Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia: El cristianismo y las religiones del mundo, Sígueme, Salamanca, 2006, p. 139.

[5] Alfred J. Ayer, Language, Truth and Logic [1934], Victor Gollancz, Londres, 1946, pp. 107-108.

[6] Alasdair Macintyre, Tras la virtud, Critica, Barcelona, 1987, p. 39.

[7] "Elogio de la razón (Entrevista a Joseph Ratzinger)". http://www.conoze.com/doc.php?doc=1508

[8] Benedicto XVI, Discurso a encuentro de profesores universitarios, 23-06-2007, en Nicolas Massmann (ed.), Luz para el mundo: Las mejores palabras de Benedicto XVI, Rialp, Madrid, 2022, p. 307.

[9] Benedicto XVI, "Homilía en el santuario de Mariazell", 8 de noviembre de 2007, en Luz para el mundo, cit., p. 78.

[10] Eric Metaxas, Is Atheism Dead?, Regnery Publishing, Washington DC, 2021, p. 369.

[11] J. Ratzinger, Fe, verdad y tolerancia, cit., p. 167.

Resumen

Benedicto XVI defendió que la Iglesia no es enemiga de la razón, sino su última defensora. El problema central del Occidente contemporáneo es el cientifismo: la creencia de que solo lo científicamente demostrable es real, lo cual mutila la razón humana al dejar sin respuesta las preguntas fundamentales sobre el origen, la ética y el destino. Esta reducción deriva en el emotivismo ético —la moral como mera expresión de sentimientos, no de verdades objetivas— y en la subjetivización de la religión, relegada a una "tradición" más entre otras. Ratzinger rechazó tanto esa degradación de la fe como la resignación intelectual que implica. Su propuesta fue la contraria: ampliar el concepto de razón para que pueda explorar dimensiones de la realidad que superan lo empírico. Además, señaló que el cientifismo es autocontradictorio, pues su premisa fundamental no es verificable científicamente. La crisis de Occidente es, en el fondo, una crisis del concepto mismo de verdad.

Palabras clave: razón; cientifismo; verdad; emotivismo; filosofía; pensamiento